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¿Estamos diseñando las ciudades para el clima que ya no existe?

La vegetación urbana como infraestructura estratégica para el urbanismo resiliente

Durante décadas, la vegetación urbana se ha considerado principalmente un elemento paisajístico. Sin embargo, la emergencia climática, la pérdida de biodiversidad y las nuevas exigencias normativas están transformando radicalmente esta visión. Hoy, los árboles, arbustos y espacios verdes ya no pueden entenderse únicamente como elementos ornamentales. Se han convertido en una infraestructura estratégica capaz de reducir riesgos climáticos, mejorar la biodiversidad, disminuir costos de mantenimiento y aumentar la resiliencia de edificios, barrios y ciudades. Esta realidad tiene un impacto directo en el urbanismo, las evaluaciones ambientales estratégicas, las certificaciones BREEAM y LEED, la Taxonomía Verde Europea y los análisis DNSH (Do No Significant Harm).

La vegetación ya no se selecciona solo por criterios estéticos

Uno de los errores más frecuentes en el diseño de espacios verdes consiste en elegir especies únicamente por su apariencia. La selección vegetal debería responder simultáneamente a múltiples factores:

  • Adaptación al cambio climático.
  • Resistencia a sequías y olas de calor.
  • Capacidad de generar sombra efectiva.
  • Resistencia a plagas y enfermedades.
  • Bajo consumo hídrico.
  • Compatibilidad con el tipo de suelo.
  • Tolerancia a la proximidad al mar y a la salinidad.
  • Bajo potencial alérgico.
  • Reducción de los costos de mantenimiento.
  • Capacidad de favorecer la biodiversidad local.
  • Integración con los ecosistemas del territorio.

En definitiva, no se trata simplemente de plantar árboles, sino de diseñar una infraestructura verde capaz de seguir funcionando durante las próximas décadas.

Madrid: adaptación a la continentalidad y a la calor extrema

En proyectos desarrollados en la Comunidad de Madrid, la selección vegetal responde a un clima mediterráneo continental caracterizado por temperaturas elevadas en verano, sequías prolongadas y una elevada amplitud térmica. Las especies arbóreas seleccionadas incluyen:

  • Encina (Quercus ilex)
  • Roble valenciano (Quercus faginea)
  • Pino carrasco (Pinus halepensis)
  • Pino piñonero (Pinus pinea)
  • Arce de Montpellier (Acer monspessulanum)
  • Acebuche (Olea europaea var. sylvestris)
  • Olivo (Olea europaea)
  • Almendro (Prunus dulcis)
  • Almez (Celtis australis)
  • Peral silvestre (Pyrus bourgaeana)

Barcelona: biodiversidad urbana y conectividad ecológica

En una ciudad compacta como Barcelona, la infraestructura verde debe responder simultáneamente a la necesidad de adaptación climática, el aumento de la biodiversidad y la limitación del espacio disponible. Entre las especies recomendadas destacan:

  • Encina (Quercus ilex)
  • Alcornoque (Quercus suber)
  • Algarrobo (Ceratonia siliqua)
  • Olivo (Olea europaea)
  • Almendro (Prunus dulcis)
  • Madroño (Arbutus unedo)
  • Naranjo amargo (Citrus aurantium)
  • Arce de Montpellier (Acer monspessulanum)

Estas especies permiten generar sombra, mejorar la biodiversidad urbana y proporcionar alimento y refugio para aves e insectos polinizadores. También se priorizan arbustos como el espino albar (Crataegus monogyna), el laurel (Laurus nobilis) o el brezo blanco (Erica arborea), que contribuyen a reforzar la funcionalidad ecológica de los espacios urbanos.

Galicia: restauración ecológica y servicios ecosistémicos

En Galicia, los objetivos son diferentes. La prioridad es reforzar los ecosistemas atlánticos, incrementar la biodiversidad y recuperar funciones ecológicas propias del territorio. Las especies arbóreas seleccionadas incluyen:

  • Roble común (Quercus robur)
  • Alcornoque (Quercus suber)
  • Castaño (Castanea sativa)
  • Pino gallego (Pinus pinaster)
  • Laurel (Laurus nobilis)
  • Abedul (Betula pubescens)
  • Aliso (Alnus glutinosa)
  • Fresno (Fraxinus excelsior)
  • Cerezo silvestre (Prunus avium)
  • Tejo (Taxus baccata)

En cuanto a la vegetación arbustiva, destacan:

  • Acebo (Ilex aquifolium)
  • Arándano (Vaccinium myrtillus)
  • Tojo (Ulex europaeus)
  • Escoba negra (Cytisus scoparius)
  • Brezos (Erica spp.)
  • Rosal silvestre (Rosa canina)
  • Saúco (Sambucus nigra)

El objetivo es favorecer la conectividad ecológica, aumentar la captura de carbono y restaurar hábitats característicos del paisaje atlántico.

Málaga: xerojardinería y resiliencia hídrica

La Costa del Sol es uno de los territorios más sensibles a la sequía y al aumento de temperaturas asociado al cambio climático. En este contexto, la vegetación se convierte en una herramienta fundamental para reducir el consumo de agua sin renunciar a los beneficios ambientales. Las especies arbóreas utilizadas incluyen:

  • Algarrobo (Ceratonia siliqua)
  • Almez (Celtis australis)
  • Ciprés (Cupressus sempervirens)
  • Moral (Morus alba)
  • Olivo (Olea europaea)
  • Acebuche (Olea europaea var. sylvestris)

Complementadas con arbustos como:

  • Madroño (Arbutus unedo)
  • Palmito (Chamaerops humilis)
  • Lentisco (Pistacia lentiscus)
  • Aladierno (Phillyrea angustifolia)
  • Romero (Rosmarinus officinalis)
  • Escoba blanca (Teucrium fruticans)

Este modelo de jardinería mediterránea permite reducir significativamente las necesidades de riego, disminuir los costos de mantenimiento y crear refugios para la fauna urbana.

 

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